Espacio de reflexión y divulgación de aspectos relacionados con la psicología, centrado en las emociones, cogniciones, en los modelos y las técnicas de intervención.

lunes, 20 de marzo de 2017

PROTOCOLO INTEGRADOR PARA TRAUMA DE APEGO CON EMDR

Una buena forma de disfrutar un puente, si tienes la suerte de disponer de él en estos días como en Cáceres y el resto de Extremadura,  es pasar parte en una buena formación.

Mi elección en esta ocasión es sobre EMDR con niños maltratados y desatendidos.





Cathy Schweitzer y Debra Wesslmann

Debra dedica su práctica en salud mental en el Centro de Apego y Trauma de Nebraska en Omaha. Ha escrito varios libros sobre el trabajo con trauma en niños y con sus padres.
Junto a ella, Cathy es cofundadora de este centro. Sin lugar a dudas el tándem profesional se percibía en sus conferencias y en su buena práctica.

La  novedad que presentan es su planteamiento con un modelo integrador del tratamiento de trauma en niños, de forma que alternan el tratamiento desde la terapia familiar y terapia de EMDR a través de un  protocolo.
Además de la práctica clínica, estas autoras realizan numerosos estudios, destacan los relacionados con el apego de los niños adoptados con los progenitores adoptantes y con el descenso de la agresividad tras el tratamiento con EMDR.

Escuchar sus enseñanzas y las supervisiones clínicas que hemos podido disfrutar, sin lugar a dudas sirven para sumar recursos y  ayuda a continuar con uno de los axiomas de mi práctica en consulta, aumentar la eficacia terapéutica.













martes, 28 de febrero de 2017

Pablo Ráez, breve reflexión desde Cáceres

Merece la pena después de una pausa blogera retomar la actividad con esta noticia que , a quien más y a quien menos,  nos ha impactado.
Muchos de nosotros hemos seguido a través de las redes la historia de la enfermedad de este joven malagueño, Pablo Ráez, que ha barrido en los medios, por lo que la triste noticia de su fallecimiento ha sido motivo de mención en las personas de a pie. Por lo menos en Cáceres, hablamos de él en el trabajo, en el café o a la salida del cine, la mayoría hemos tenido la ocasión de escuchar a alguien que le recordaba.
Se ha hablado de él como gladiador, luchador, ... él mismo se refería a su enfermedad de este modo, no puedo por menos que hacer una parada en esto.
Este lenguaje construye la creencia en observadores que las personas con ésta u otro tipo de enfermedades oncológicas son especie de titanes que han de resistir los envites de la enfermedad y de los efectos secundarios de los tratamientos. Cuando se habla en estos términos corremos el peligro de negar esa parte emocional tan importante, y que es normal que esté ahí, el miedo o incluso pánico, la preocupación, el dolor, la tristeza, la soledad... Cuando se presentan no significa que las personas enfermas no sean fuertes o luchadores, sino que hay una parte de la enfermedad que implica perder cosas de la vida: la salud, hábitos, aficiones, muchos cambios, que conllevan una amalgama emocional. Y no sentirse fuerte o gladiador y estar lleno de dudas no implica que no se pueda afrontar la enfermedad o que no se está haciendo todo lo que se puede para encararla.


Es admirable como Pablo, a través de sus palabras públicas nos ha permitido ver como, con apenas 20 años, pudo aceptar el significado de la muerte. Para esto no nos educan, no se enseña en los colegios, parte de nuestra vida pero muy temida y difícil de hablar.
Esa aceptación le llevó a vivir el día a día sacando el mayor partido posible, su máxima fue buscar la felicidad.
Consiguió plantearse un objetivo, que aumentaran las donaciones de médula, lo alcanzó con creces, fue un activista en toda regla.

Estas breves palabras van más dirigidas a esas personas que les toca ahora convivir con estas enfermedades y que pueden pensar que los gladiadores pierden las batallas. Este chico mostró que las metas ayudan y aunque sigamos sin entender el por qué de ellas, su optimismo ha llegado a muchas personas y ha movilizado a otras tantas.


lunes, 2 de febrero de 2015

EL APEGO


Desde nuestros primeros días de vida la interacción entre la madre y el bebé va a marcar el establecimiento de un vínculo que comienza en la gestación. El niño busca informaciones sensoriales en su madre: el olor, los ojos, la voz, … estos estímulos le sirve para establecer la familiaridad con sus cuidadores. Este conocimiento es el que le permite sentirse seguro, podrá así explorar el entorno y el mundo que le rodea.
En los tres primeros meses se instalan las bases de cómo será esa relación.
El lazo iniciado en el nacimiento, llamado apego, está condicionado genéticamente y cada especie tiene su propia forma de crearlo, de forma que se transmite de generación en generación. El más poderoso de estos vínculos es entre la madre y su hijo.

Los teóricos  plantean que la importancia de esta relación estable en los primeros años de vida radica en que afecta al desarrollo integral, hablamos entonces  de las facetas cognitiva, motora y social, además de servir de cimiento de las relaciones adultas.




Estos vínculos han sido motivo de investigación, de forma que se han identificando sus características a raíz de estudios con bebes afrontando la separación de sus cuidadores y sus reacciones ante extraños.

Este planteamiento permite distinguir entre apego seguro e inseguro, atendiendo a la calidad de la interacción de los cuidadores o progenitores con los niños.

En el apego seguro, tras la fase de separación, los niños se consuelan rápidamente al encontrarse con sus cuidadores. Mary Ainsworth dice que en esta pauta de relación se observa la confianza por parte del niño hacia sus padres, las figuras parentales, lo que le permite sentirse seguro ante situaciones amenazantes. Esto facilita al niño afrontar explorar el mundo con confianza.

En el grupo de vínculos inseguros, Bowlby fue uno de los primeros en describir las interacciones conflictivas en las interacciones padres-bebé, junto a las descripciones de Ainsworth y Solomon, detallan tres tipos fundamentales: inseguro-evitativo, inseguro-ambivalente y desorganizado-desorientado.

En el apego inseguro definido como evitativo, el niño apenas muestra malestar durante la separación de su madre o de su padre, estos niños se comportan de forma parecida con extraños que con sus cuidadores, y apenas responden al reencuentro con sus cuidadores tras dicha separación. En las observaciones de situaciones naturales se comprueban las interacciones esporádicas entre los niños y los progenitores. Aunque los padres están presentes, no ofrecen el cuidado de las necesidades que el bebe necesita, por tanto, no se va a sentir querido.

En el inseguro ambivalente, el progenitor oscila entre la cercanía y el distanciamiento, los cuidadores son inconstantes y cambiantes, entre la invasión del espacio o ignorar las necesidades del niño. La relación de apego se hace imprevisible. Es un  vínculo ansioso en palabras de Bowlby, la relación con el bebé está marcada por la inseguridad, la relación es tensa, el niño no tiene la seguridad de encontrar a sus padres en caso de necesitarlos, el niño puede presentar un comportamiento obediente y pasivo o bien hiperactivo y bizarro, por lo tanto la posibilidad de explorar se inhibe.

En el desorganizado-desorientado, para el niño el comportamiento de sus cuidadores es imprevisible . Se encuentra en los casos de negligencia, de daño físico o psicológico. En situaciones extrañas los niños muestran conductas conflictivas y de desacuerdo por lo que bajo este apego oscilan entre el acercamiento y la evitación, aunque pueden mostrar patrones más organizados y adaptados en la misma época con otro cuidador. Esta situación determina que sea el apego que lleva a más problemas psicológicos.

A grandes rasgos podemos entender la importancia que la interacción madre- hijo, padre-hijo o cualquier figura de apego establecida como cuidador, redunda en el inicio del establecimiento de un vínculo seguro que será básica en los vínculos adultos. Así entendido, el apego seguro es el más sano.
Tal y como se ha mencionado, hay relación entre los apegos inseguros y los problemas psicopatológicos de adultos. Este planteamiento lleva a que distintos modelos psicoterapéuticos integren en sus protocolos de intervención el estudio del apego adulto.

En los últimos años EMDR (desensibilización y reprocesamiento por movimientos oculares), desde el paradigma del procesamiento de la información, está profundizando y alcanzando grandes avances al considerar este factor una parte importante del proceso terapéutico y por tanto plantea que se pueden generar vínculos seguros en la adolescencia y adultez a pesar de estas experiencias, llegándose a considerar una de las últimas finalidades terapéuticas.


domingo, 26 de enero de 2014

VALENTINA Y EL MIEDO


Si ya mi trabajo como psicoterapeuta es, con creces gratificante, uno de los momentos más satisfactorios, sin duda, se refleja cuando la creatividad se representa en alguna de sus formas, espontánea, enriquecedora, sorprendente y potenciando la positividad.
Una madre preocupada por el sufrimiento emocional de su hija, elige escribir este cuento, en él reconoce el miedo infantil, la ansiedad, los desvelos, ... plasma sus deseos de ayuda, posibilidades, brinda apoyo. Esta historia infantil consigue un nuevo aliento para sus avances y sus esfuerzos. 
Generosamente esta madre me ha permitido compartirlo en este blog.

En un país lejano vivía una princesita de 10 años llamada Valentina. Era la única heredera de un pequeño reino en el que habitaban gente tranquila, que no causaban grandes sobresaltos. Al menos así lo percibía ella cuando observaba como sus padres, los Reyes, gobernaban con seguridad y firmeza.
Esto le hizo sentirse muy segura junto a ellos, tanto que desde muy pequeña le costaba mucho alejarse de ellos, parecía sentir miedo a los extraños y si bien, durante el día resolvía bien su ausencia, cuando llegaba la noche y tenía que ir a sus aposentos, sentía un temor especial y rogaba al Rey que la acompañara y le contara historias que sólo él sabía contar. De esta forma, mientras observaba al Rey compartir con ella aquellas historias, se iba quedando dormida.
Algunas veces despertaba en medio de la noche y al verse sola, comenzaba a angustiarse hasta el punto de correr hacia los aposentos de los Reyes. Al principio, mientras fue pequeña estos temores no inquietaban demasiado a la princesa, pues encontraba consuelo y tranquilidad con el brazo de sus padres y las palabras de consuelo que la dirigían.
A medida que se hacía mayor y puesto que algún día sería la Reina, se planteaba con mayor preocupación sus temores. “¿Qué tiene la oscuridad que tanto me inquieta?” se preguntaba constantemente.
Queriendo hacer honor a su propio nombre “Valentina” se proponía cada día o mejor cada noche, enfrentarse ella sola a aquellos ¾fantasmas¾ que no la dejaban dormir plácidamente, como era su deseo, pero noche tras noche seguía solicitando la compañía del Rey y pedía a la Reina que mandara vigilar el Palacio para que ningún extraño se acercara. De esta forma, conseguía la seguridad necesaria que le permitía dormir.



Como era la tradición en aquel país, los príncipes herederos en este caso, la princesa Valentina, tenían que pasar una serie de “pruebas” que demostraran la valentía necesaria para gobernar el país en el futuro. Así, llegó el día en el que debería ir sola al bosque de los príncipes, un lugar al que acudían los príncipes y las princesas herederas acompañados únicamente de miembros de su corte, vigilaban por su seguridad. Deberían pasar allí al menos 6 días, desenvolviéndose por ella misma y enfrentando sus temores a la oscuridad, a los ruidos, a los extraños, a los animales salvajes,…
Durante el día no tuvo problemas, resolvía bien cualquier contrariedad que se le presentaba y compartía experiencias con los demás príncipes y princesas. Sin embargo, cuando caía la tarde, Valentina comenzaba a sentirse tremendamente triste e inquieta y aunque dormía acompañada por otras princesas, no podía conciliar el sueño y observaba como las demás dormían mientras ella en sus largas horas de vigilia se imaginaba toda clase de peligros inexistentes y aunque sabía que no tenía nada que temer no podía evitar sentirse más y más nerviosa, hasta tal punto que empezó a sentir miedo a esa sensación.
Por supuesto, aquel era su secreto, no lo comentaba con los demás príncipes y princesas porque no quería parecer débil, al fin y al cabo estaba allí para demostrar su valentía.
Transcurrieron dos o tres días con aquella amarga sensación y una noche era tal su inquietud que decidió despertar a la princesa Luna con la que había entablado una gran amistad. Con gran inquietud decidió contarle sus temores, aún sabiendo que podría no superar la prueba de valentía si Luna lo contaba. Lejos de lo que podría imaginar, cuando le estaba contando el motivo de su vergüenza, Luna esbozó una gran sonrisa, mientras asentía con la cabeza, sonándole tremendamente familiar aquella historia. Así, Luna que era algo mayor, contó a Valentina que a su edad a ella le ocurrió exactamente lo mismo, así que conocía bien aquella sensación que angustiaba a Valentina.
Valentina respiró profundamente, por primera vez sintió que no estaba sola en aquel pozo de angustia y le preguntó con tremenda curiosidad “¿Qué hiciste para que dejara de pasarte? ¡Porque ahora duermes plácidamente!”.
Luna le respondió que el remedio se lo proporcionó Mega, una anciana amante de los niños que vivía en una de las aldeas de su reino y la que sus padres los Reyes acudieron sabiendo que disponía de los remedios contra los temores infantiles.
En realidad, le contó que fue muy fácil pues la solución estaba dentro de ella, tan solo tenía que evitar seguir alimentando su miedo, pero “¿Cómo?” preguntaba expectante Valentina, controlando la respiración, inspirando profundamente y lentamente soltando el aire, así hasta 6 ó 7 veces, pues el alimento del miedo es la respiración acelerada y fuera de control. Valentina no parecía muy convencida, pero Luna le enseñó a respirar sin soltar el alimento del miedo, inspirando profundamente y expirando lentamente las 6 ó 7 veces, a pensar en sus lugares favoritos y en las cosos agradables que le habían sucedido y como por arte de magia Valentina se quedó profundamente dormida. Este remedio le permitió superar su angustia y afrontar la noche con la misma alegría que el día. Perdió el temor a afrontar la noche, descubrió que sabía qué hacer para que no creciera el miedo, cada noche que pasaba sin pensar en sus miedos, se sentía más fuerte y alegre. Nunca más volvió a tener miedo.


le doy las gracias a esta mamá anónima que me permite publicar esta historia y a mi amiga Leire de 9 años, una pintora recién descubierta, que me prestó su cuadro para  ilustrarla.


viernes, 27 de septiembre de 2013

El vínculo con nuestros hijos



Cuando hablamos de unión afectiva o vínculo entre las personas, el que sin lugar a dudas destaca es el lazo entre madre-hij@. Hablamos de apego como un proceso basado en la interacción entre personas. Cada especie tiene su particular forma de hacer apego, está condicionado y se transmite genéticamente, pero es modificable y permite que pueda haber apego con otras personas que no sean la madre.

El estudioso por excelencia de esta pauta de comportamiento es el psicólogo Bowlby con su ”teoría del apego” en los años 50. Después de investigar acerca de la consecuencia que la institucionalización tiene sobre el desarrollo psicológico de los niños, observó que quienes habían sufrido una deprivación afectiva desarrollaban gran impacto psicológico, por lo que centró su trabajo en menores desadaptados y delincuentes.

Quien sabe si influido por su niñez, sus vivencias pudieron ser el punto de partida de sus investigaciones. Bowlby sólo veía a su madre una hora al día después de la "hora del té", aunque durante el verano estaba más disponible. Como muchas otras madres de su clase social en aquella época, consideraba que la atención parental y la muestra de afecto era dañina. Con cuatro años, su niñera, que hasta ese momento era su principal cuidadora, se va de la familia. Más tarde, describe esa separación como algo tan trágico como la pérdida de una madre.


Los resultados de sus estudios le llevaron a afirmar que las relaciones tempranas alteradas constituyen un importante factor en el origen de la enfermedad mental.

Con base en este y otros estudios, se constata que la existencia del cuidador y la estabilidad del medio familiar son claves para el desarrollo de actitudes de confianza básica y va a facilitar que se configure la personalidad y un adecuado desarrollo motor, cognitivo, social y afectivo.

Los inicios del desarrollo del apego ya se producen durante el embarazo con las expectativas, los deseos y las fantasías de la madre sobre el bebé. La producción de oxitocina repercute desde el parto y también en la lactancia está influyendo en la interacción madre-hijo, que a su vez refuerza la producción de esta hormona. Junto con las caricias, el contacto físico, las muestras de afecto, hace que el apego se desarrolle desde los primeros días.

En los tres primeros meses ya hay cierta estabilidad en el comportamiento y sabremos cómo va a expresar el bebé sus miedos, cómo se calma, cómo se aproxima o huye de los desconocidos., estas situaciones son nueva fuente de interacción y de afianzamiento del apego.

L@s niñ@s que no han tenido experiencias con un figura de apego en los primeros años de vida pueden ver afectada su capacidad de establecer relaciones íntimas en la vida adulta. El apego nos permite tener confianza y seguridad en el mundo. A través de este sentimiento de familiaridad se adquiere la confianza para explorar el entorno. El resultado es un vínculo afectivo sólido que no necesita la presencia física de la persona.

Estas y otras experiencias tempranas modelan la información y desarrollan la habilidad de procesar la información de las relaciones interpersonales, modelando así el cerebro desde los primeros momentos evolutivos.

Es necesario aclarar que las experiencias tempranas negativas son reversibles si las condiciones mejoran.
Por todo esto, se trata de generar un vínculo afectivo sólido entre el/la niñ@ o cuidar/a, no necesita de un contacto físico ni una búsqueda permanente por parte del niñ@, ya que ést@ siente la seguridad de que su madre responderá en los momentos en los que la necesita.








viernes, 21 de diciembre de 2012

Hijos del divorcio


De todos es conocido que los movimientos sísmicos son de distinta envergadura y provocan variedad de fenómenos, desde  tsunamis hasta pequeños terremotos, en cualquiera de los casos, son energías internas de la tierra que promueven un cambio.
Estos hechos naturales no desmerecen la sabiduría popular que dice que “el amor mueve montañas”, el amor  y por añadidura el desamor, también pueden provocar desde pequeñas oscilaciones  hasta virulentos desplazamientos en el territorio, resultado de ello son las crisis y los cambios.

Tras las separaciones y/o divorcios, todos y cada uno de los miembros de la familia se ven obligados a iniciar una etapa en la que se han de afrontar nuevas situaciones.  Como padres y madres nuestra máxima preocupación en estos escenarios de conflicto son los hijos y las hijas.
Es cierto, que los niños y niñas sufren desajustes, podemos hablar así que su muestra está relacionada con las variables ambientales y las personales. Entre estos factores de riesgo el más significativo es la edad ya que en cada momento las reacciones se verán marcadas por el período evolutivo en el que esté inmerso el/la menor.

Las reacciones presentadas afectan tanto a las emociones, a las cogniciones, como a la conducta, se reflejan en los más pequeños en problemas de conducta (los problemas escolares o conductas regresivas), mientras que en los mayores la afectación se refiere a la competencia social, son los déficits de habilidades sociales.  Estas muestras cognitivo-conductuales y emocionales  las vamos a entender dentro del proceso adaptativo a los cambios y a la nueva situación familiar.  En este contexto, son naturales si facilitamos el proceso y desadaptativas si estas conductas perduran e irrumpen en la vida cotidiana de los niños y niñas, escolar, familiar y/o social.

Las demostraciones que los chavales hacen de sus necesidades en este proceso, podemos resumirlas en los siguientes intervalos de edad:

De 0 a 3 años pueden aparecer regresiones, hacen referencia a las conductas ya adquiridas según la madurez evolutiva del niño/a y que sufren un retroceso, por ejemplo, el control del pis o hablar como si fueran más pequeños. En otras ocasiones, se observan problemas de alimentación, de sueño e incluso un llanto fácil.

A la edad de 3 a 7 años pueden mostrar miedo al abandono y a la pérdida de la madre o padre custodio.  Expresan temores, quejas, demanda de mimos, confusión, tristeza y también regresiones, al igual que los más pequeños. A veces se creen responsables de lo sucedido por lo que se sienten culpables: “mis padres se han separado porque me porté mal”
Y no es difícil encontrar dificultades escolares y de rendimiento o en el aprendizaje o un comportamiento más “travieso” en casa o en el colegio.

De 7 a 12 años, es una etapa en la que pueden presentar dificultades peculiares, ya que a veces tienen sentimientos de pérdida, de traición y rechazo, además de sentir confusión. Estas emociones les llevan a mostrar, en ocasiones, hostilidad con el padre y la madre, hiperactividad, dependencia y ilusión de reconciliación.
A veces el niño o la niña adopta el papel de “celestino- intermediario” entre sus padres, les hace comentarios como “mamá llora y te echa de menos”, inventando situaciones o comentarios. Esto es fruto de expectativas poco realistas y una comprensión errónea de la separación.

En la adolescencia es más significativa la preocupación por la pérdida de la vida familiar, no es infrecuente encontrar hostilidad y un sentido de responsabilidad con la familia, incluso se  preocupan por la capacidad futura de establecer una pareja. Un riesgo añadido es la asunción de los hermanos mayores del rol de cuidadores y responsables de hermanos pequeños

El manejo de estas situaciones por los progenitores y el entorno familiar próximo es clave en la adecuada adaptación a un proceso de separación marcado por grandes cambios.



martes, 9 de octubre de 2012

El cazo de Lorenzo



El 10 de octubre de 1992, la OMS –Organización Mundial de la Salud-  aprobó establecer esta fecha conmemorativa del día mundial de la salud mental. Aunque dicha celebración no deja de ser un tópico, es una excusa muy oportuna para realizar una pequeña aportación a la divulgación. Consciente, no obstante,que este tipo de post, son de interés de las personas más sensibilizadas.


La clave, a veces, de la falta de sensibilidad es pensar “a mí no me va a tocar”, desconociendo la realidad. Se ha comprobado que uno de cada cuatro estamos expuestos a padecer una enfermedad mental a lo largo de nuestra vida. De los trastornos mentales más frecuentes, quien no ha oído hablar de depresión, ansiedad, esquizofrenia o trastorno bipolar. Es claro que afectan a todos los grupos de edad y es alarmante que el 11 % de la población infantil (1 de cada 9 niños/as) esté en situación de riesgo de padecer estas enfermedades.

Qué mejor forma de entender las dificultades que pueden tener estas personas que la metáfora de un cuento. El Cazo de Lorenzo de Isabelle Carrire, nos enseña a través de ilustraciones las peculiaridades de este niño y cómo consigue afrontar los obstáculos del día a día.

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